lunes, 2 de marzo de 2009

Espero no ser demasiado pretenciosa con lo que viene abajo del titulo

A Kandinsky

Té.
Té.
Te
Té.

Un gran lider.
La puntuación.
Un acercamiento.
Un punto que falta.
Y vos.

Maru

Tobby II


Tobías Luckman escribió seis libros de pedagogía. Los primeros tres decían que no había que pegarle a los hijos. Los siguientes dos tomos contaban su experiencia como padre y se retractaban de sus anteriores afirmaciones: no quedaba otra opción que pegarle a los hijos. El sexto libro, el único considerado como una obra literaria de alta particularidad, era más bien una especie de disculpa que se había visto obligado a redactar por obligación de un órgano de monitoreo de libros y publicaciones, si bien, más que una disculpa parecía un elaborado poema colmado de lírica y complejidad.
Tobías Luckman fue arrestado a los cuarenta y seis años de edad por manejar ebrio en la Lugones a las cuatro de la madrugada, y por mal comportamiento en la vía pública.
Tobías Luckman salió de la cárcel cuarenta y seis horas después.
Hoy Tobías Luckman ronda por las calles interiores de Florida, tambaleándose y con el nudo de la corbata a medio deshacer.
Hoy Tobías Luckman piensa cómo hará mañana para encaminar su vida, y más tarde, encaminar el mundo.


Maru

sábado, 28 de febrero de 2009

Tobby

Tobby se llama Tobías, y se llama Tobías por el osito en el bazar. A la mamá de Tobías le gustaban mucho los osos, quién sabe por qué. Tobías viste con un mameluco, y tiene un pato en su cucheta al que llama Salmón. Tobías tiene una novia de seis, igualita a él: con rulitos negros y ojos verde oscuro. Tobías entiende muchas cosas, a diferencia de otros chicos de su edad, Tobías sabe leer. Ayer leyó en un envase de shampoo “usado por un profesional” y le preguntó a su mamá qué profesional, la mamá no le supo responder. La mamá de Tobías no entiende tantas cosas. Pero a Tobías no le importó. Tobías cerró los ojitos verdes y recostó su cabeza sobre el almohadón de plumas, de todas formas mañana lo averiguaría.


Maru

viernes, 27 de febrero de 2009

P.d.: Particulas de acero que me llenan los ojos de lágrimas

Seguir sangrando es lo que le permite a ésta carne trémula latir.
Seguir supurando extiende un brazo en la calzada para que estos poros ruidosamente puedan respirar.
Las erupciones continúan, así como mi andar: por este Buenos Aires, que me hecha el aire en la cara, y la brisa en los ojos: por un obelisco que se doblega en dirección a mi sien con aspecto amenazante: con todo y con vos.

Con amor, corrosivo, corroborable, cohesivo, coersivo, contaminado, te escribo, como las calles de este Buenos Aires, tu Buenos Aires: candombe, cachengue, incoherente, gris. Un Buenos Aires que por las mañanas canta sus perpetuos ecos mecánicos y oblongos y por las noches reza por muchas noches de Buenos Aires más.

Para no Olvidar: siempre seguir buscando la sombra en tu recuerdo.

Maru

domingo, 22 de febrero de 2009

¿Así mueren los árboles?

sábado, 21 de febrero de 2009

Metatexto


Te corre un hilo de sangre por la boca y recuerdo la sangría que tomamos el día anterior. Te corre un hilo de sangre entre las uñas y no puedo evitar pensar en lo mucho en que arañábamos las paredes de telgopór hará unos ¿qué? 6 años o quizás un poco más.
Esas paredes de telgopor nos separaban, y las arañamos hasta conocernos las manos: fue lo primero que te conocí. Y los gritos que se traspasaban pared a pared. Todos nos conocíamos los gritos, y los pataleos y los gruñidos y la frase individual Seguro seguro Rrose Selavy no se va a ir a ningún lado, deje de gritar. Esa era la tuya. La mia la reprimí.
Como odiábamos esas frases individuales, eran sinónimo de que no nos habían escuchado en toda la s-e-s-i-ó-n--. A mi me mandaron ahí por decir y ver lo que no debía, a vos por Rrose Selavy.
Arañamos y corrimos; desde ese día no paso un día sin escuchar los gruñidos, y los látigos y los comprimidos metálicos caer. Por suerte cuado doy la vuelta no hay nadie más, solo los gruñidos y yo.
No me creerías si te dijera que recién vi a alguien correr con un chaleco como el nuestro por Maipú: yo me acerqué y lo abracé, igual que nosotros se puso a llorar.
Es una lástima que no hayamos podido salir de caza, como nos habíamos prometido. Es una lástima, que ahora que las cosas vuelven a la normalidad, lo nuestro se apague tan trágica e inesperadamente como sucedió. Me corta la respiración, justo ahora que los astros se ajustan a nuestra disposición y los pájaros vuelven a contarme sus secretos, y puedo hacer contacto con los poros de la gente y los aliens y Gaugin. Justo ahora Rrose Selavy tenía que degollarte como a la gallina de Quiroga, que nadie me creía que era una gallina y no la hermana de los otros tres.
Se me eriza la piel, porque la sangría que tomamos ayer y los cuentos que nos contamos y los arañazos que nos reímos. Fue como volver a olvidar. Y se sintió el aire limpio, y tu sonrisa valió lo que las mil sonrisas de los niños desvalidos que me alimentan por compasión, no valen. Una terrible desgracia tu vida, compañero de odiseas, amigo, sabés mejor que a nadie, te voy a extrañar (que día tan perfecto pasamos ayer).

CARTA DE CASTULO HERNANDEZ II

Yo lluevo, en tus pies, tus ojos, tu nariz. Yo lluevo y vos tronás, porque así nos enseñaron que debe ser. Mientras yo grito vos enseñás los dientes, y la rabia te sale llena de espuma por la boca y las orejas.
El cielo se nubla y yo me preparo indiferente para llover. Y los huesos de la gente que está cerca chasquean y la humedad se te filtra hasta el hipotálamo, porque no te puedo enseñar a llover. ¿por qué?